martes, 6 de marzo de 2012

EL MORADOR EN EL UMBRAL

EL MORADOR EN EL UMBRAL

Se ha tratado bastante de hacer un cuadro completo del morador, esa
parte oscura de nuestra conciencia, esa parte que impide que pasemos
impunemente a escalones más elevados...

El morador está compuesto por el pequeño yo, que se engrandece con sus egoísmos, con sus ilusiones, con sus apegos. Son los fallos de
la conciencia que tratamos de ignorar y sepultamos en las profundidades del subconsciente para que el tupido velo del olvido los tape y sea imposible verlos al examinar nuestros logros o méritos...  Pero el ángel de la presencia quiere que el ánfora, en la que guardamos nuestras más secretas y elevadas aspiraciones, esté limpia y transparente.

Por ello es necesario que la meditación, el desapego y el servicio hagan su trabajo transfigurador. El servicio hará que saquemos de nuestro interior todas las fuerzas escondidas y aun no utilizadas de la tríada superior. Con esas fuerzas nuevas, el servidor sufrirá una transmutación que hará que su trasfondo quede limpio y la renunciación al fruto de sus acciones sea consecuencia de una entrega sin límites a servir en el punto en que la vida lo ha situado, con lo cual el morador ya no tendrá vida ni forma a la que aferrarse y se disipará, dejando el camino libre para que el ángel de la presencia nos abra la puerta de la iniciación... a no ser que renunciemos a ella... como posiblemente hayamos hecho muchos de nosotros... para ello, el silencio es también imprescindible...
Vicente Beltrán solía decir que habríamos de pagar hasta por nuestras inútiles palabras... Esas palabras nutren el morador, el silencio lo diluye... Y como dice el Maestro Tibetano, antes de que la boca pueda pronunciar palabra alguna, deberá haber perdido la capacidad de herir... esta es una ley del servicio en el ashram de un Maestro... mientras, sólo se permite escuchar... que es una forma de crecer en sabiduría.

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